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La localidad de Mfereji está situada en la región de Arusha, en medio de la sabana, en una zona de difícil acceso y sin carreteras. No existe estimación oficial de la población de la zona, ya que los masai se hallan diseminados por toda la sabana, y no hay registros ni censos oficiales. Se estima que la población ronda aproximadamente el millón de masais.

El paisaje de Mfereji, está marcado por unos remolinos de tierra que parecen tocar el cielo, llamados en lengua maa «ampusel», que significa «polvo». El terreno es muy seco, ya que raramente llueve, aunque como zona tropical, existen temporadas de lluvia que van de marzo a mayo y de noviembre a enero.

Los masai son un pueblo nómada que vive en el sur de Kenia y norte de Tanzania. Son población indígena que ha mantenido de forma férrea la defensa de su cultura y sus tradiciones frente a las colonizaciones británica y alemana. Son de origen nilótico y su lengua es el maa, que comparten con los samburus.

Estructura social y familiar

Cada familia consta de unas 60 personas aproximadamente, que tienen las funciones distribuidas por edad. Los niños se ocupan del pastoreo y del ganado, y los adolescentes y adultos forman el grupo de los guerreros (que también se distribuye en niveles). Los ancianos actúan como líderes, como personas que son sabias y son los que toman las decisiones importantes, en una especie de consejo. El responsable religioso del poblado se llama Leibon.

Pilares sociales

Los masai creen que su dios les ha proporcionado todo el ganado del mundo, y es en torno a este que se organizan. A más ganado, más poder se tiene. La política se basa en las decisiones que se toman en las reuniones con los ancianos, que son los responsables del orden público y religioso. Las instituciones más importantes para los masai son el matrimonio y la familia. Y la poligamia, no es que esté permitida, es que forma parte de su cultura.

El sistema económico usado: el trueque.

La educación es una labor comunitaria y actualmente no todos los niños van a la escuela.

Religión

En la sociedad masai no existe la iglesia y la religión se expresa a través de ritos y ceremonias, para venerar a su dios Engai, que habla en la montaña sagrada y que al nacer da a cada persona un espíritu guardián que le acompaña hasta su muerte.

Son animistas, no creen en la vida una vez muertos, por lo que no veneran a los muertos.

Tradiciones y costumbres

Luchan por sobrevivir manteniendo sus rasgos culturales propios. Viven en manyatas, que son unas casas de metro y medio de altura, que construyen con excrementos de vaca y paja. Las disponen en forma circular (bomas) y las protegen con empalizadas para que no los animales salvajes no ataquen a su ganado.

La mayor parte de su ganado está formado por vacas y cabras. Suelen comer mantequilla, leche, sangre de vaca, y de forma festiva, alguna vez, carne de cabra. No cazan de forma habitual ni matan animales salvajes, ya que viven en total sintonía con la naturaleza, donde
se respeta cada vida, ya sea animal, ya sea humana. Aunque si cazan, los guerreros, que al menos, una vez en su vida, deben enfrentarse a un león. Para celebrar cualquier evento, bailan y cantan, y para ello se visten con sus mejores galas: la vestimenta y abalorios masai están repletos de colores vivos, entre los que destacan el rojo y el azul.

Entre las ceremonias rituales destacan la emorata (circuncisión y ablación femenina) que se realiza entre los 13 y 16 años. Aunque actualmente está prohibida por el gobierno.

La mujer masai

Finalmente cabe destacar el papel de la mujer en la sociedad masai, generalmente relegada a tareas del hogar y sometida aún (en casos que se consideran aislados) a prácticas como la ablación del clítoris, que debe ser tratada como un problema de salud y debe formar parte de cualquier actividad de sensibilización. El nivel educativo de las mujeres es bajo y no suelen generar ingresos para la familia, a excepción del artesanado y la bisutería que se vende en mercados cercanos.

No obstante, la mujer masai, además de la educación y crianza de los niños, es la que para recoger agua recorre más de 20 kilómetros diarios, busca madera para hacer fuego, construye las casas y un sinfín de cosas…En definitiva, hace una labor magnífica.